Contacto primario

“El bebé debe ser tocado y acariciado inmediatamente después del nacimiento. El debe tener el calor de la madre casi continuamente durante este tiempo, de lo contrario todo el contacto físico del mundo no será suficiente”.

Dr. Arthur Janov

The Lifelong Effects of the Birth Experience

 

Durante las décadas pasadas el énfasis en el campo de la crianza de los niños había estado en gran medida en los factores que influyen en la salud física de la madre y el niño. Por lo tanto le damos la bienvenida al surgimiento del ‘movimiento nacimiento en casa’, ‘al nacimiento centrado en la familia’, ‘al cuidado materno canguro’ y a los ‘hospitales amigables con los niños’ que aunque mantienen el énfasis en la seguridad y los altos niveles médicos, también consideran igualmente importante el énfasis en los factores que influyen en la salud emocional y el bienestar de la madre y el niño.
La importancia de la relación entre la madre y su hijo recién nacido está nunca exagerada, pues es precisamente de esta relación de la que surgen todas las otras relaciones. La investigación de los últimos 25 años ha mostrado que el contacto entre la madre y su hijo recién nacido durante las primeras horas después del nacimiento puede establecer patrones que duran toda la vida y que son extremadamente difíciles de cambiar más adelante. Esto levanta serios cuestionamientos acerca de los procedimientos de rutina de muchos hospitales de maternidad en donde la separación del la madre y el recién nacido después del nacimiento son con frecuencia la práctica común. La meta de este artículo es el considerar los efectos de los procedimientos de rutina en la relación madre/hijo en particular.
Durante las últimas décadas la práctica común ha sido el llevarse al bebé inmediatamente después del nacimiento mientras la madre es llevada a la sala de recuperación para que descanse. En algunos hospitales más progresistas se le permite a la madre amamantar a su bebé brevemente en la sala de parto. Sin embargo el bebé es sacado muy pronto para ser llevado al cunero en donde se le deja solo en una cuna, en donde tiene que esperar aislado hasta que el horario del hospital le permita ser llevado con su madre para ser alimentado. (Esto puede significar varios períodos de espera de hasta tres horas cada vez, dependiendo de las políticas del hospital.) Además durante el primer día a veces se mantiene al bebé lejos de la madre durante muchas horas para ser observado. En algunos hospitales las madres que fueron sedadas para el nacimiento no llegan ver a sus bebe en absoluto hasta después de doce horas de nacido.
Klaus y Kennell han hecho una investigación muy extensa acerca del fenómeno del lazo materno-infantil, (Klaus & Kernnell, 1976) Los resultados sugieren que la interacción de la madre con su bebé durante las primeras horas de vida afecta críticamente su actitud hacia el bebé al menos por los siguientes cinco años de vida. Todavía no se sabe con exactitud cuánto dura el período ‘sensitivo’, pero se cree que pierde efectividad entre las tres y las cuatro horas después del nacimiento, (Spezzano & Waterman, 1977). Si no ha habido contacto entre la madre y el neonato durante este período, no se establece un lazo adecuado. Si la madre y el bebé tienen un contacto casi ininterrumpido en este período, se crea un fuerte lazo materno-infantil y los sentimientos que generan en la madre continúan después de que el período ‘sensitivo’ ha terminado.
Después de un nacimiento libre de medicamentos tanto la madre como el bebé están en un estado de alerta y receptividad durante las primeras horas y el contacto físico así como ocular son vitalmente importantes. La madre pasa mucho tiempo cargando al bebé en una posición cara a cara y le habla con un tono especial de voz. El bebé mira a la madre siguiendo los movimientos de sus ojos y esto genera una respuesta de ella. El sonido y el olor también son elementos importantes para los lazos afectivos. Una madre que ha establecido un lazo con su bebé y escuchado su llanto una vez, con frecuencia puede reconocerlo entre un grupo de bebés tan solo por la voz de su bebé. Cuando se le ofrece el pecho al bebé por primera vez también lamerá y olerá el pezón antes de mamar. Más tarde reconocerá a la madre por el olor.
Si se ha establecido un lazo temprano el bebé llorará si está en brazos extraños y se calmará tan pronto se le regrese a su madre. Para la madre el tener al bebé en sus brazos significa que el clímax del nacimiento es seguido por un tiempo de tranquila cercanía en la que ella puede llegar a conocer a su bebé. Esto ha sido descrito por las que lo han experimentado como una profunda plenitud que deja en la madre fuertes sentimientos de cercanía con el bebé así como también sentimientos positivos acerca de ella misma como madre. Ella también tiene sentimientos muy fuertes de que el bebé es realmente suyo.
Los efectos de la separación en la nueva madre
Klaus y Kernnell (1976) fueron los primeros en sugerir la conexión entre la separación de la madre y del bebé directamente después de nacer y la incidencia de maltrato infantil entre los niños prematuros que habían pasado las primeras horas de vida en una incubadora, lejos de la madre. Las madres que habían sido separadas de sus bebés recién nacidos también tendían más a darlos en adopción durante el primer año de vida, inclusive si el embarazo había sido planeado y la madre esperaba el nacimiento con emoción.
La siguiente afirmación es típica de lo que ellas dicen al ser entrevistadas, “Es un bebé precioso, pero de alguna manera no me siento bien, como que podría pertenecer a cualquiera. Yo nunca sentí que era mi propio hijo”. Estos sentimientos no ocurren si el bebé ha sido puesto en los brazos de la madre en la mesa de partos y si ha pasado las primeras tres o cuatro horas de vida en un contacto piel con piel con ella.
Bricklin (1975) ha sugerido que si el lazo afectivo no ha sucedido y la madre está consciente acerca de su falta de sentimientos maternales. Puede intentar remediar la situación concentrándose en los sentimientos de cercanías que surgen con esta interacción. Ella siente que el fuerte lazo creado por el amamantamiento podría de alguna manera compensar la deficiencia que ya se había creado para tratar de superar la brecha emocional entre la madre y el infante. El problema aquí es que muchas de las madres que tienen poco ‘contacto’ escogen no amamantar.
Por otra parte las madres que tienen un ‘gran contacto’ generalmente están deseosas de amamantar a sus bebés. Un seguimiento a estas mamás mostró que sus bebés eran mucho menos propensos a ser abandonados, descuidados o a que abusaran de ellos o a recibir un cuidado inadecuado, (Spezzano & Waterman, 1977). Estas madres eran mucho más afectuosas y mantenían contacto ocular con sus bebes de un mes de nacidos, que el grupo de control que había recibido el cuidado habitual del hospital. Los bebés en el grupo experimental también subían mejor de peso que los del grupo de control, lloraban menos y sonreían más. Para cuando tenían un año de edad, era mucho más factible que las madres ‘de alto contacto’ aún amamantaran a sus bebés que las madres de ‘bajo contacto’. Ellas también pasaban más tiempo tranquilizando a sus bebés en un examen pediátrico.
A los cinco años de edad las diferencias entre los dos grupos de niños eran todavía aparentes. Los niños de ‘amplio contacto’ estaban mucho más adaptados y tenían un IQ más alto que los del grupo de control. Ellos también obtenían una mejor y más avanzada puntuación en exámenes de lenguaje que los niños de ‘bajo contacto’. Hasta donde se puede apreciar, las diferencias mostradas en los dos grupos de niños parece depender en gran medida del hecho de que las madres de ‘alto contacto’ se relacionan de una manera más positiva con sus hijos como resultado de haber establecido lazos adecuados a una temprana edad.
Es bien sabido que si los recién nacidos de la mayoría de los animales son separados de sus madres directamente después de nacer y son regresados más tarde, es muy posible que la madre rechace a sus crías e inclusive las mate. Lo mismo es verdad si los animales nacen mientras la madre está bajo anestesia general y le presentan a sus crías después de haber recuperado la conciencia. No podemos generalizar estos hallazgos en los seres humanos sin investigar más, pero parece posible que haya un mecanismo similar que funciona aquí.
Sin embargo hay una distinción importante, los seres humanos son capaces de reflexionar y racionalizar y por lo tanto una madre humana quizás no rechace o abandone abiertamente a su bebé. En vez de eso, una madre que haya esperado sentir una oleada de amor y orgullo maternal podría sentirse desanimada y frustrada al ver a su bebé de un día de nacido sin sentir nada. Ella podría experimentar sentirse perdida y culpable por no llenar las expectativas de sus propios ideales acerca de lo que debería ser una madre. Se siente con frecuencia sin saber que hacer porque no entiende el origen de sus sentimientos. Quizás pudiera inclusive reaccionar con hostilidad ante el bebé, pues lo ve como la causa de su desengaño y su auto-crítica. Esto es un círculo vicioso ya que su hostilidad hacia su bebé crea más sentimientos de culpa. El resultado final con frecuencia es más cansancio y depresión.
Es muy significativo que los que proponen el movimiento de ‘nacimiento en casa ‘ que está ganando tanta aceptación alrededor del mundo, reporten que la depresión post-parto es casi desconocida entre las madres que han parido en su casa. Ahí el recién nacido raramente es separado de su madre por largos períodos durante la primera semana de vida. Uno de los problemas que ocurren con más frecuencia en los hospitales en donde la madre y el bebé han sido separados y los lazos afectivos no se han establecido, es que la madre parece carecer de mucho del conocimiento instintivo acerca de cómo relacionarse con su bebé. Esto es mucho más posible que alcance el nivel de crisis cuando la madre regresa a casa y tiene que cuidar a su bebé a solas. Es más posible que no sea capaz de manejar la situación y que se sienta exhausta y deprimida y también que se reproche a sí misma por ser una mala madre.
Los efectos de la separación en el recién nacido
Hasta los años 70s había muy poca información subjetiva acerca de cómo se siente el bebé durante el nacimiento y poco después. Pero con el advenimiento de la terapia primal, una gran cantidad de pacientes empezaron a revivir experiencias tempranas, incluyendo el primer día de vida. Ellos empezaron a ser capaces de describir con gran detalle aquellas experiencias que eran dolorosas y traumáticas para ellos, mostrando cómo esos factores generaban frecuentemente patrones de comportamiento de falta de adaptación que duraban toda la vida.
Uno de los traumas más dolorosos revividos por los muchos pacientes de terapia primal es el de la separación de la madre directamente después del nacimiento. El bebé sabe instintivamente que no puede mantenerse con vida sin su madre. Se siente completamente desvalido y dependiente de ella para su supervivencia. El bebé siente instintivamente que el ser separado de ella significa morir y no hay manera de hacerle entender que no ha sido abandonado, sino que simplemente está esperando en un cunero y que eventualmente será llevado con su mamá. El bebé no tiene manera de interpretar lo que está pasando, o de saber si la separación y el abandono que está experimentando vana terminar. La única manera en la que puede apagar el dolor producido por las largas horas de estar sin su madre es utilizando el dormir como defensa.
Los pacientes de terapia primal que han revivido este trauma en particular con frecuencia han sido capaces de entender el hecho de que esto se convirtió en una defensa prototípica para ellos y que continuaron utilizando el sueño como un escape siempre que la vida era demasiado intolerable. Con frecuencia el dolor de ser dejado en la cuna a solas era experimentado físicamente al ser revivido. Por ejemplo un paciente de terapia primal dijo: “yo sentí dolor en todo mi cuerpo, porque era ahí en donde me dolía. Necesitaba que alguien me cargara y que me hiciera saber que no me iban a dejar ahí solo hasta morir. He tratado de obtener eso de mis amantes en el presente y no es de extrañar que no pueda mantener una relación estable. Me cuelgo de la gente asustado de que me vayan a abandonar. Yo no estaba actuando como un adulto en lo absoluto, pues todavía era ese pequeño bebé adolorido y abandonado”.
Otra paciente reportó como muy al principio en su terapia revivió cuando se le dejaba en la cuna, esperando en un estado de desesperación el sonido de los pasos que le traerían a su madre para que la cargara y la alimentara. Los pasos se acercaban, pero en vez de detenerse, pasaban de largo y ella sentía esa terrible soledad de nuevo y todo lo que podía hacer era gritar esperando que alguien la pudiera ver. Después se dio cuenta de que había pasado gran parte de su vida haciendo cosas espectaculares, tratando de que la gente la viera y notara sus necesidades, temerosa de que no la vieran o de que se fueran a olvidar de ella. El sentimiento debajo de eso era “tengo que hacer que ellos me vean o me moriré”.
Yo me he dado cuenta en mi propia terapia de lo insegura que siempre me sentí en mis relaciones cercanas y como sin importar que tan bien estuvieran funcionando para mí en el presente, yo siempre sentía que no durarían. Finalmente fui capaz de conectar esto a mi temprana experiencia en el hospital en el que nací. Me tuvieron en el cunero central y me llevaban con mi madre solamente para por breves momentos para alimentarme. Cada vez que me tomaba en sus brazos yo podía sentir que el dolor y la soledad se habían terminado por fin y ya que me estaba empezando a sentir a salvo y segura en los brazos de mi madre, me separaban de nuevo y me llevaban de regreso a los cuneros otra vez. Esta experiencia se repitió muchas veces y me dejó con el sentimiento de que “no tiene sentido acercarse a nadie porque en cuanto lo hago, me sacarán de ahí de nuevo”.
El nacimiento significa un tremendo esfuerzo para el bebé y más que en ningún otro momento es en esas horas después de su nacimiento que el bebé necesita del calor y el consuelo de estar físicamente cerca de su madre. Los sonidos familiares del latido de su corazón y de su respiración son algo que el bebé conoce y crean un sentido de continuidad entre la experiencia previa del bebé en el útero y las nuevas condiciones a las que debe adaptarse. El contacto temprano y continuo con su madre hará que el bebé se sienta seguro sabiendo que su madre no lo abandonará.
El bebé también necesita saber que la madre va a satisfacer todas sus necesidades cuando surjan. Esto significa que ella debe responder siempre que el bebé exprese sus necesidades por medio del llanto y alimentarlo siempre que esté hambriento. La madre y el pecho de la madre son una fuente de alimento, calor y comodidad para un pequeño bebé y él necesita saber que siempre estarán ahí cuando le los necesite. Para esto se necesita que el bebé que nace en un hospital pueda tener la oportunidad de estar en la misma habitación que la madre (rooming in). También es importante que la madre haya tenido un parto lo más libre posible de medicamentos para que esté despierta y sea capaz de cuidar a su bebé inmediatamente.
Conclusión
A pesar de que la separación de la madre y el recién nacido así como los otros procedimientos hospitalarios mencionados anteriormente no pueden ser responsabilizados completamente por la creación de neurosis más adelante en la vida, con frecuencia ponen las bases para los típicos patrones de falta de adaptación a los que se agregarán otros problemas más adelante.
Aunque la creación de estos traumas tempranos puede tomar tan solo unas cuantas horas o a lo mucho unos cuantos días, los problemas resultantes a menudo toman años de intensas y costosas terapias para resolverse. En terapia primal se ha encontrado que puede tomar años integrar el dolor de ‘primera línea’, o sea el dolor agregado al sistema durante los primeros días de vida, así que la prevención es definitivamente mejor que tratar de curar el problema más adelante.
Durante las décadas pasadas el énfasis en el campo de la crianza de los niños había estado en gran medida en los factores que influyen en la salud física de la madre y el niño. Por lo tanto le damos la bienvenida al surgimiento del movimiento ‘nacimiento en casa’, al ‘nacimiento centrado en la familia’, al ‘cuidado materno canguro’ y a los ‘hospitales amigables con los niños’ que aunque mantienen el énfasis en la seguridad y los altos niveles médicos, también consideran igualmente importante el énfasis en los factores que influyen en la salud emocional y el bienestar de la madre y el niño.


*Para mayor información acerca del Cuidado canguro del bebé, ver el artículo que se encuentra también en este sitio: http://home.mweb.co.za/to/torngren/kmc-es.htm
Este artículo está dedicado a mi amigo y compañero de terapia primal Helmut Viehmann, quien llamó mi atención al trabajo de Klaus y Kennell cuando ambos estábamos en terapia primal en Los Angeles en 1977. Esto trajo como resultado un cambio de carrera para mí a mediados de mis 30s y me llevó a entrenarme como Educadora del nacimiento con el American Institute of Family Relations. Gracias a ello yo pude pasar muchos años de mi vida trabajando con futuros padres, educándolos acerca de cómo podrían satisfacer las muy reales y en gran medida incomprendidas necesidades primordiales de sus bebes.

Pat Torngren

http://primal-page.com/es-first.htm